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Nerdote algaretiando y boconiando en la Plazita

julio 14, 2009

“Justo después de invitarlo a pelear, me arrepentí masivamente. Me encontraba en estado de embriaguez. Haciendo y deshaciedo. Todo mientras me sentía como el centro de atención. Caminaba hacia él con una mano cerrada en un puño y la otra balanceando un ron con Coca-Cola. Todo esto mientras pensaba ‘¿como carajo me metí en este lío? … ¿Me quito? ¿Pego a correr? ¿Debería considerar huir verdá? … Naaa’ van a pensar que soy un pendejo … mejor aguanto par de bofetás y me quedo por aqui bebiendo hasta que me quede dormido llorando o algo’.” Todo con un sonsonete deprimente.

Todo comenzó en la Plazita. Me encontré a Patricia, una “amiga” de la infancia. Estaba con su novio, al cual nunca había conocido. La historia de Patricia es una muy colorida. Vivió toda su adolescencia en una urbanización cerca de donde yo me crié. La conocía porque su casa era alfrente de la de John, uno de mis (todavía) mejores amigos. Pues hace como 13 años, John y Patricia chicharon (en casa de Patricia). Era la primera vez de John pero juzgando la manera en la que se desarrollaron los eventos, ambos llegamos a la conclusión de que Patricia ya tenía experiencia y lo más seguro hasta se convertiría en una puta profesional. Lo sé, eso es una redundancia, pero para esa época una “puta profesional”, lo que significaba era una “súper puta”.

Todos los detalles de aquel día se me han olvidado, con la excepción de uno. Aparentemente, Patricia no confió en la abilidad de John sacar su bicho cuando este pegue a escupir leche. Eso yo lo entiendo. También entiendo que ella haya exigido un condón. Lo que no entiendo es que ella se haya conformado con utilizar un ziplock en vez de un condón. Ese es el detalle de un bellaqueo externo más inolvidable que jamás alguien me contó.

Lo más demente es que cuando terminaron, Patricia no dejó que John tirase el ziplock en algún zafacón de su casa. Le entró la perse de que su mai lo encontrara o algo. John se vio obligado a meterselo en el bolsillo y andar con ese trofeo hasta su casa. Una vez hizo eso, el se sentía que ese ziplock era su amuleto de prueba de que se había clavau’ a Patricia. La realidad es que yo nunca dudé de la historia de John. No dudé meramente por lo bizarra que estaba y por la cantidad de detalles que me ofreció. El hecho de que él supiese tanto de la chingadera oficializó todo lo que ocurrió. Un detalle bien interesante es que John guardó ese ziplock por buen tiempo y podimos apreciar el comportamiento de la leche. ¿Sabías que después de un tiempo el material viscoso del semen, además de ponerse marrón, se separa y queda como un aceitito muy, muy asqueroso?

Bueno. Volviendo a la Plazita. Cuando me encontré a Patricia me entró un flashback encojonau de John metiéndole un ziplock por el chocho. No tuve más remedio que compartirlo entre carcajadas mientras señalaba a Patricia. Ella, en cambio, no tuvo más remedio que mirarme con ojos aterrorizados y tragar profundamente. El novio, no sabía como reaccionar, y Patricia estaba tan perpleja, que no le estaba ofreciendo cues de si quería que me rompiera la boca o qué.

En ese momento de incomodidad. Veo, en la multitud a nada más y nada menos que a fucking John. Pensé en gritarle para que fuese testigo del circo. Pero en mi borrachera cobré un poco de conciencia y le piché a esa idea. No me recuerdo si me despedí o qué hice con Patricia y el novio, pero me logré escabullir entre la gente antes de sentir las repercusiones de mis anormalidades. Llegué a casa sano y salvo, con una nota chévere.

La mañana siguiente, noté que tenía varias llamadas perdidas. Todas del mismo número. Alguien que no estaba en mi listado de mis contactos. Me pareció raro y pensé que quizá se trataba de alguna emergencia. Antes de llamar (al número) decidí verificar mi “buzón de mensajes de voz”. Efectívamente: era “Bradley”, el novio de Patricia, el que me había llamado. También me dejó un mensaje: “mera loco, es Bradley, el comprometido de Patricia. Brother, ayer me quedé atónito con todo lo que dijiste de la mujer mia. No supe como reaccionar ni qué hacer cuando pegaste a hablar. Me quedé como bruto. De todos modos, gracias por decirlo. Me abriste los ojos a cual es la que hay. Si hablas con John, dile que mala mia. Pasó una loquera ayer y por poco peliamos. Pegué a ofrecerle par de puños y to’. Menos mal que Patricia se metió y aceptó todo antes de que sucediera algo más allá. Yo juraba que había sido todo una fabricación de él. O quizá tuya que se yo. La pendejá es que me cagué más o menos. Justo después de invitarlo a pelear, me arrepentí masivamente. Me encontraba en estado de embriaguez. Haciendo y deshaciedo. . . .

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