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Mi Amigo Zuela. Historia de la Vida Real.

febrero 21, 2009

Todos conocemos a algún mentiroso compulsivo, o quizá a un paquetero, un fequero, o un embustero. Si. Son odiosos, pero en una isla tan pequeña en donde todos nos conocemos, se nos hace imposible evadirlos. Me atrevo a decir que se nos hace difícil no tener un amigo que no sea alguna de esas cosas antes mencionadas.

Pues mi candidato se llama Zuela. De origen suramericano y con gran talento para persuadir tanto como para robar, dos cosas que frecuentemente van de mano en mano.

En el verano del 2003, por alguna razón, compartí demasiado con este individuo. Él mismo proclamó nuestra amistad cuando una noche me llamó para que le lleve un abrigo y unos cigarrillos a un cuartel donde se encontraba arrestado. Hasta este punto yo no sabía que te pueden arrestar por estar amenazando a gente por ahí con pistolas falsas. Pues sí. Puede darse el caso, y son cargos bastante serios. Aparentemente, Zuela se encontraba en un aprieto y decidió sacar la pistola sin percatarse que tenía una patrulla de policías atrás de él. Se habrá formado un sal-pa-fuera porque supongo que para este punto los policías asumían que el arma era real. Finalmente lo logran detener y termina en el cuartel. Lo único que sé de dicho evento es lo ya dicho y que el día siguiente ya estaba fuera y listo para continuar con su vida de engaño. Cuando le llevé el abrigo, la policía que estaba en el escritorio de al frente me dice: “No me digas, eso es pal’ pendejito de la Lugger de plástico. Que claje’ maricón.” El abrigo que le llevé, llegó hasta él. Los cigarrillos, no.

Un día me encontraba transitando por el área de Miramar y veo a un grupo de gringas esperando en la parada de guaguas. Eran tres jóvenes, de edades universitarias, y una madre. Les paso de frente con mi carro y sigo mi camino. Casi inmediatamente me regaño a mi mismo por haber desperdiciado esta gran oportunidad para ayudar a un grupo de hermosas turistas. Decido dar la vuelta para ofrecerles mis servicios de transportación ya que como buen puertorriqueño que soy, debo de mostrar mi amabilidad cada vez que se me muestre la oportunidad.

Y eso hice. Al dar la vuelta todavía estaban allí. Me detuve frente a la parada y les pregunté, en inglés, hacia donde se dirigían. Ya me sospechaba que su destino por el momento era el Viejo San Juan ya que eso se encuentra a menos de tres millas de donde nos encontrábamos. Acerté en mis sospechas y rápidamente les ofrecí pon hacia allá. Para mi sorpresa, accedieron sin pensarlo dos veces. Obviamente al lado mío se montó la madre. Pero no me molestó en lo absoluto. Mi inglés es bastante bueno y comenzamos a conversar de que cuando habían llegado (ese mismo día por la mañana) y de qué iban a hacer esa noche. Después continué por hacer mis chistes y cerrar diciendo que yo era un “serial rapist”, todo con una sonrisa en la cara. Sorprendentemente, ningún comentario fue tan cómico o tan exitoso como el de yo ser un ultrajador sexual. Aproveché para pedirles un teléfono para salir con ellas antes de que se vayan de la isla. Me dieron el número celular de Tammy, la más bonita de todas. También me dijeron el hotel donde se encontraban y el número de la habitación. Al parecer hasta la mai quería bicho porque a todas estás la señora tenía una sonrisa de oreja a oreja y nunca dio indicio a estar en contra de que sus hijas me dieran la información necesaria para tener coito sexual con una o la otra.

Por alguna razón, decidí llamar a mi buen amigo Zuela para que me acompañe en esta noche tan prometedora. Para este punto en nuestra amistad, yo desconocía de lo que él era capaz y la invitación me pareció como algo inocente y libre de peligro.

Cae la noche, llamo a las americanas y decidimos salir a beber al viejo San Juan. Zuela me pasa a buscar para luego ir al hotel a buscar a las americanas. Antes de pasar por el hotel, Zuela me confiesa que no tiene dinero. Este detalle me molesta pero decido solucionarlo prestándole $20.00. En mi bolsillo también lo que tenía eran como $20, asi que la economía de la noche no se veía tan próspera.

Yo: “Dale loco vamos a una ATH. Te voy a prestar veinte pesos pero nos tenemos que meter a Kugger que las Medallas están a peso para poder invitarles una cerveza que otra a las gringas”. Kugger es una conocida barra en San Juan donde vendían las medallas a un dólar. También era un negocio pequeño en donde yo conocía a los bartenders y al dueño.

Zuela: “¿Hermano, están buenas las gringas esas? Porque te voy a decir una cosa: si están buenas y las llevamos a Kugger; no se van a impresionar. Ahora, un Larú o algo así, sentarnos en una mesa y que nos atiendan, ya eso es clase aparte. Digo, si lo que quieres es conversar y que ellas piensen que tu eres tremenda persona, pues vamos a Kugger. Pero mi hermano, me atrevo a asumir que lo que tu quieres es cojértelas a las tres mientras la mai se mete el dedo en la concha y gime. Dado ese caso, Larú es tu mejor opción.”

Yo: “CABRÓN! Son nenas que lo que quieren es vacilar! Además lo mas seguro vienen con la mai. Así que hoy no se va a lograr mucho que digamos ni aunque las metas en Larú y las invites a shots de agua ardiente.” Los shots de agua ardiente, en ese lugar, cuestan aproximadamente $15 el shot. “¿Anyways, que puñeta importa si las llevamos a un chinchorro?” Entonces me salió una sonrisa de esas que uno trata de evitar y la acompañé con una honesta risa. “Y maricón, no creo que la mai se quiera dar deo al frente mío.”

Zuela: “Hermano.” Zuela siempre utiliza la palabra hermano antes de establecer un punto. “La mai déjamela a mi. Y créeme que el lugar a donde las llevemos, importa. Créeme.”

Yo lo que quería era salir y beber con las turistas así que me desasocié del debate dándole la razón a Zuela. Mi plan era meternos en Kugger todos, beber un poco y tratar de separar a una del pelotón y ¿quien sabe? Un besito hoy se convierte en sexo anal mañana. La más potencial que tenía era Tammy. Americana pero no de tez totalmente blanca. Pelo lacio negro y una dentadura perfecta. Tenía una curvatura tan acentuada que me hizo dudar que realmente era hermana de las otras dos.

A todas estas no entendía cual era el afán que tenía Zuela por meterse en Larú. Total, no había dinero para meternos allí asi que no le di importancia a la discución ni mérito a Zuela.

Por fin llegamos al hotel y ya las chicas estaban listas! Tammy se veía espectacular y hasta la madre tenía ropa tentadora. No me había tomado una gota de alcohol y la noche ya se veía prometedora. De repente las chicas se montan en el carro de Zuela, y yo hago las presentaciones adecuadas. Zuela se pone tímido y las saluda con miradas y gestos en la cara.

Yo: Ya en el carro con las americanas en el asiento de atrás. “No me digas que tu no sabes inglés.” Me pareció como un error tan grave el que cometí al no preguntarle (si sabía el idioma), que me prometí jamás volver a cometerlo.

Zuela: “Tranquilo hermano que yo entiendo el idioma.”

Increíblemente, esa corta oración me convenció de que Zuela era el acompañante ideal para aquella noche. No se si fue el tono en el cual me lo dijo, o la cara con la que me lo dijo. Pero el hombre proyecta una seguridad tan inhumana que es inspiradora y relajante.

Obviamente ya para este punto las americanas se dieron cuenta de que Zuela no habla su idioma pero no muestran incomodidad al respecto. Quizá ayudó el hecho de que estuve entreteniéndolas todo el camino con mis chistes de bichos, chochas y mierda. Y eso que todavía yo no había ingerido nada de alcohol. Y como la madre no mostraba incomodidad alguna con mis comentarios, yo sentía que ella me estaba dando licencia para continuar con mis comentarios extremadamente fuera de lugar. A todas estas recordaba que de mis primeros comentarios hacia ellas había sido el de que yo era un ultrajador sexual. Y las cabronas habían contestado (mi comentario de yo ser el “serial rapist“) dándome un número de teléfono, junto con el número de habitación del hotel.

En el carro, se habló bastante. Cuando llegamos a San Juan, ya yo sabía que ninguna de las americanas eran vírgenes, sabía que había una fumadora de yerba, y que la mafutera ya tenía dos hijos, sabía que habían comenzado a beber en la habitación y me dijeron que no, Tammy no era adoptada ni de otro padre. Había discutido a fondo el hecho de que Zuela no era bilingüe y ellas estaban encantadas porque entendían que dicho detalle las iba a obligar a aprender nuestro idioma. También dejé claro el detalle de que estaba interesado en Tammy, algo que deleitó a todas las damas en el carro. No llevábamos juntos ni media hora y ya estaba seguro de que por lo menos un besito le iba a robar a Tammy.

Nos bajamos del carro de Zuela y nos dirigimos directo a Kugger, donde yo planeaba pasar el resto de la noche hasta conectar con Tammy. Algo que calculaba podía pasar en la próxima hora. Nos habremos dado como dos cervezas cada uno cuando a Zuela le entra la piquiña de “irnos a Larú” porque Kugger estaba “muy lleno y alborotoso”. Éramos jóvenes de 22 y 23 años de edad y me sorprendí que alguien contemporáneo a mi se estuviese quejando por el “alboroto”. Pero me dejé llevar porque Zuela me explicó que el conocía al dueño de Larú y que nos iban a tratar bien allí. Me habrá puesto aquella cara o me habrá hablado con aquella voz, porque al escuchar esto yo no estaba meramente convencido de que el conocía al dueño de Larú, yo estaba seguro de que Zuela y el dueño del negocio habían sido mejores amigos por todas sus vidas. Casi familia.

Asi que con el mismo amor que entramos a Kugger, salimos de Kugger y entramos a Larú. Rápidamente conseguimos una mesa para seis y Zuela ordena nada mas y nada menos que un round de shots de agua ardiente. Noventa dólares. A todas estas yo le estaba metiendo terapia a Tammy de que era una chica especial y que me apenaba increíblemente que no vivía en la isla para asi poderla ver todos los días. Ella al parecer estaba encantada y ya se veían los efectos del alcohol. El agua ardiente solo ayudaba asi que Zuela pide otro round. No llevamos ni quince minutos en la mesa y la cuenta va por $180. A mi izquierda se encontraba la cabezera de la mesa en donde estaba sentado Zuela, a mi derecha tenía al amor de mi vida Tammy, y directamente alfrente mio tenía a la madre de las nenas. Zuela me tenía a su inmediata derecha y a su izquierda tenía a la doña.

Dos shots de agua ardiente te hacen algo, pero si previamente haz bebido alguna cantidad de alcohol razonable, el agua ardiente te pone a volar en cantos y asi parecían estar nuestras acompañantes.

Zuela que estaba sentado muy cerca a mí, estaba tratando de conversar con la madre de las americanas, y cada minuto me preguntaba algo como:

“¿Como se dice ‘me caes bien’ en inglés?”
“¿Como se dice ‘este es el mejor restaurante en Puerto Rico’ en inglés?”
“¿Como se dice ‘tienes una sonrisa excepcional’ en inglés?”
“¿Como se dice ‘quieres probar éxtasis’ en inglés?”
“¿Como se dice ‘yo soy el dueño de Plaza las Américas’ en inglés?”

Y así estuvo todo el rato que me tenía al lado de él. A mi no me molestaba ayudarlo, pero el hecho de que fuera algo tan constante y las cosas que quería decir me parecían anormales muchas veces. Pero yo tenía una meta en la cabeza y tenía como unas gríngolas mentales que no iban a permitir distracción alguna. Increiblemente, yo nunca me pregunté como se iba a pagar todo lo que estábamos consumiendo. Creía que “el dueño” se iba a “encargar de todo”. Y pensándolo bién, fue lo mejor que pude haber hecho. Me gozé una noche sentado en un restaurante caro y bueno (no creo que sea él mejor restaurante en Puerto Rico, pero riquísimo de todos modos), acompañado de tres mujeres bellas, su madre y Zuela; la estrella de la noche.

Después de estar como hora y media en Larú, Zuela se levanta de la mesa. Yo recuerdo haber pensado que va a hablar con el dueño para que “se encargue”, ya que es casi familia de Zuela y darían la vida el uno por el otro. Y efectivamente, Zuela llega a la mesa y nos comunica, en un inglés perfecto que “everything has been taken cared for”. Alguien se ha encargado de todo. Yo me levanto de la mesa con un sentimiento victorioso y muy alegre de tener un amigo como Zuela, que conoce y tiene amistades en lugares importantes. Y no solamente amistades, sino personas que lo aman y lo respetan lo suficiente como para pagarles una cuenta de sobre $400 (o eso me sospechaba que era un estimado justo). Después de aquellos shots de agua ardiente habíamos proseguido con tragos más comunes de vodka o ron.

Yo había errado en mis cálculos de lo rápido que iba a robarme a Tammy, pero no me importaba porque la noche estaba corriendo espectacularmente bien. Cuando salimos de Larú, la madre anuncia que va a tomar un taxi hacia el hotel pero que tratemos bien a sus hijas. Al parecer, el universo había conspirado para que yo vacile de verdad esa noche. No pasaron ni tres minutos después de que la madre se fue y yo estoy comiéndome la boca de Tammy. Le sugerí ir a dar un paseo al Morro pero ella rechazó la idea diciendo que no quería dejar a sus dos hermanas solas. Y yo, siendo el caballero que soy, accedí aunque mentalmente me les cagué en la madre a aquellas dos cabroncitas.

La noche continuó bien pero perdió velocidad cuando Zuela realizó que no iba hacia ningún lado con las americanas. Se tiró una rabieta pendeja y nos dijo que nos iba a llevar a nuestras camas ya. A mi no me molestó tantísimo porque entendía que el día siguiente podía lograr algo mas. Además cuando nos encontrábamos en el carro (de vuelta) ya estábamos en pleno sobeteo.

Finalmente llegamos al hotel, nos despedimos y le prometo a Tammy que la veré el próximo día y que la voy a sacar a ella sola. Zuela no le promete nada a nadie y me lleva a mi casa. Todo el camino tenía una cara de preocupación y encojonamiento. Reconocí que se debía al hecho de que el nos consiguió un jangueo excepcional y que el esperaba algo a cambio de alguna de las americanas. ¿¡¿¡¿Pero entonces por que carajos había invertido tanto tiempo en hablar con la mai?!?!?! Quizá tenía algún tipo de bellaquera con una mujer de cincuenta años.

La pendejá es que como dos horas después de Zuela dejarme en casa recibo una llamada. Era él mismo. Diciéndome que había vuelto al hotel después de dejarme y que supuéstamente le había dado dedo a la mai. Me dijo que si quería que pase por mi casa para que yo le huela el dedo. Yo le contesté que no gracias porque me imaginé que eran mentiras y que lo que había hecho era pasarse las manos por sus propias bolas para crear un olor similarmente desagradable. Para mi era inconcebible que Zuela, después de una noche tan poco exitosa, no tan solo haya vuelto al hotel, sino que también le haya introducido dedos a la madre por la tostoneta!?!?!?

Al día siguiente me aparecí en el hotel por la tarde y Tammy contesta la puerta con cara de preocupación. Ya las chicas habían tenido una mañana bastante llena de acontecimientos. Las tres jóvenes habían caminado sobre una milla para llegar a un cybernet café para entonces verificar sus respectivos emails y balances de cuenta. Y ahí fue cuando se dieron cuenta de que tenía un cargo de sobre quinientos dólares a la tarjeta de crédito de la madre. Quinientos dólares cargados la noche anterior desde un restaurate llamado Larú. Y lo mas impresionante del caso es que la madre tenía dicha tarjeta en su posesión. Así es como en un instante un bonito día se puede transformar en tu peor pesadilla. La madre se asomó en la puerta y prosiguió por decirme que me busque un abogado porque iba a demandarme a mi y a mi amigo Zuela. Y en este punto es que realizo que ninguna de estas personas saben ni mi nombre de verdad (me habían llamado por mi apodo desde el día anterior), ni mi apellido, ni donde yo vivo, y para completar mi teléfono era prepagado así que no había manera de que el cuarteto me identifiquen legalmente. A menos que alguna haya anotado la tablilla de mi carro el día anterior cuando las llevé al viejo San Juan, lo dudaba mucho.

Aunque Zuela niega hasta el día de hoy lo que sin lugar a dudas aconteció. Yo me di la tarea de reconstruir los hechos de aquella noche. Estoy seguro de que la tarjeta de crédito de la madre salió de su cartera mientras Zuela me hacía aquellas preguntas de como se dice esto y aquello en inglés. Fue todo un acto de desviación para que la madre esté brincando su vista de los ojos de Zuela a los mios y vice versa. Estoy casi seguro que su cartera guindaba del espaldar de su silla. Y lo mas seguro guindaba del lado mas cercano a Zuela. Así que Zuela, pacientemente tiene que haber esperado por el momento oportuno de desatención de todos en la mesa para hacer su hazaña. Así que ya con la tarjeta en su poseción, fue que se levantó para volver en unos minutos y decir que alguien se había encargado de la cuenta. ¡QUE COJONES! La pregunta que todavía me persigue es ¿cuando logró Zuela devolver la tarjeta de crédito a la cartera de la madre? Dudo muchísimo que haya sido cuando volvió a la mesa porque recuerdo que se mantuvo parado. Quizá contaba con que la madre permaneciera con nosotros por el resto de la noche y eso explica su evidente furia cuando la madre se fue. Esto solamente deja una explicación. Zuela SÍ volvió al hotel después de dejarme a mí. Y pensándolo bien, el hombre es tan persuasivo que lo mas seguro también le dio dedo a la madre, y durante dicho acontecimiento fue que devolvió la tarjeta de crédito a la cartera.

Es imposible no sentir admiración por lo que mi buen amigo Zuela logró aquella noche. Quizá fue todo un sacrificio para lograr terminar con la madre (algo que creo se llevó a cabo), o quizá fue algo para darme las gracias por aquel abrigo que le había llevado al cuartel unas semanas antes. Quizá no tenía ninguna meta y lo hizo sencillamente porque le encantaba el estremecedor sentimiento que le provocaba el acto de robar. Y sinceramente creo que esta última explicación es la mas cercana a la verdad.

Está de más decirles que me fuí de aquel hotel con la cola entre las patas. Pero no está de más contar que esa misma noche Tammy me llamó. Y la chica me invitó a beber en una barra cercana a su hotel. Algo que me era perfecto porque no tenía que usar mi carro para nada. Simplemente era cuestión de yo llegar al hotel y caminar juntos hasta aquella barra. Recuerdo haberlo considerado muy profundamente pero haberme visto inundado de posibles desenlaces negativos. Como por ejemplo el más fantasioso de todos: me visualizaba bebiendo con ella en una mesa cuando de repente llega un pelotón de federales a arrestarme mientras Tammy me miraba y se reía a carcajadas diciéndome algo como; “el último que ríe, ríe mejor jajaja”. Todo esto con la voz de Darth Vader. Uy. Rechazé su invitación aunque estuve toda la noche guiando por el área de su hotel a ver si la veía una última vez. Todo esto mientras me le cagaba en la madre a mi buen amigo Zuela.